11/02/2012
Rocroi, el último tercio
La Guerra de los Treinta Años se había convertido en un lodazal en todos los sentidos. En 1636 Francia se mete de lleno en ella, pero no al lado de sus hermanos de la fe católica, los españoles, sino al lado de los herejes. Francia había liquidado sus problemas internos y pretendía hacerse con Europa. Solo España se interponía en sus planes. Pero España era un país agotado, insolvente. Quebrantado por más de un siglo de guerras. Como escribió Quevedo, Nace en las Indias honrado,/ donde el mundo le acompaña; / viene a morir en España,/y es en Génova enterrado. Aún así seguía poniendo en el campo de batalla la infantería más temible de la Historia. De repente, como cumpliendo un deseo, Portugal y Cataluña se levantan contra el Rey Felipe IV. Francia aprieta sus manos en torno a Cataluña y el Franco Condado. La única opción para aliviar la presión del dogal es atacar en otro sitio en el norte de Francia. El ejército español de Francisco de Melo, Capitán General de los tercios de Flandes, sitia Rocroi con la esperanza de reeditar la batalla de San Quintín. Prevenido de las intenciones españolas el Duque de Enghien se dirige hacia la ciudad para librar un combate en campo abierto. Y en esas estamos.
Han pasado cuatro años y un Rey desde la fabulosa hazaña de Blas de Lezo en Cartagena de Indias. Reina ahora en España
Hay unas pocas vidas que solo se comprenden si se narran desde su muerte. La de Lope de Aguirre es una de ellas. De manera que podríamos decir que todo comienza cuando muere arcabuceado por sus hombres y descuartizado y devorado por los perros poco después. Su cabeza exhibida en una caja de acero en la plaza de Tocuyo, para aleccionar a la concurrencia. Derrumbados hasta los cimientos las casas en las que moró. Los campos de labranza que cultivó, roturados y sembrados con sal.